La piedra de los sacrificios: reflexión personal


RECUERDOS Y MOTIVACIONES 

Para este Libro de Fiestas 2021, he querido compartir con vosotros el resultado de una investigación “personal y naif”, que he llevado a cabo a lo largo de muchos años (aún sigo), sobre una enorme piedra, situada en la zona de El Tejar, cerca de Peña Halcón (Peñarcon para muchos), que desde siempre se ha conocido en El Hoyo como la Mesa de los Sacrificios. 

Os ofrezco mi opinión personal sobre su origen, sobre lo que pudo ser y el uso que se le pudo dar por los distintos pueblos que habitaron estas tierras, y sobre sus posibles significados históricos, sociales y religiosos. 

La zona de la Mesa de los Sacrificios siempre me ha parecido un sitio precioso, mágico, pero extraño e intrigante a la vez, que me llamaba mucho la atención, y por ello la visitaba a menudo cuando era niño. A muchos de vosotros os he contado personalmente que, en ese lugar, siempre he sentido una energía especial, que a veces tenía la sensación de no estar solo, a pesar de estarlo, de sentir que pasaban cosas a mi alrededor que no podía ver, pero sí podía sentir. Es una extraña sensación de calma, de paz, de tranquilidad, de que todo va a ir bien. 

En los mismos términos me hablaron mis abuelos, mis padres, mis profesores, y aquellos “respetables ancianos sabios” de nuestro pueblo, y todos me transmitían lo mismo. Que se trataba de un lugar mágico, especial y misterioso. 

Recuerdo alguna que otra discusión (capones incluidos) con don Julio, al que no le gustaba ni un pelo que algunos atribuyésemos a la piedra orígenes y usos de otras religiones ancestrales, relacionadas con otros dioses lejanos, a los que posiblemente adoraron los pueblos que habitaron nuestra tierra, hace miles de años. ¡Cómo las gastaba don Julio, y cómo escocían sus capones! 

De niño, cuando la visitaba con mi abuelo Venancio Cano, éste me contaba historias muy antiguas y muy curiosas, que evocaban ritos, tradiciones, y costumbres de otras épocas. Me decía que a él se las contaron sus abuelos y sus padres. 

Allí nos pasábamos un buen rato en silencio, sentados y en paz. Era muy especial. En el camino de vuelta, yo siempre le decía: “Abuelo, cuando sea mayor, algún día averiguaré que significa y para que sirvió esta piedra”. 

Y aquí estoy intentándolo, aprendiendo mucho, investigando muchísimo, pero sin conseguir aún mí objetivo. 

TRABAJO E INVESTIGACIÓN 

Durante muchos años, además de visitar la piedra cuando me era posible, de fotografiarla, de observarla desde todos los ángulos, de medirla y hasta de sentirla, he indagado en multitud de archivos históricos sobre las costumbres de las distintas civilizaciones que han habitado esta tierra, en fundaciones culturales, en organizaciones y grupos de arqueólogos, en archivos municipales de distintos pueblos con monumentos similares, incluyendo los de nuestro propio Ayuntamiento, en fondos culturales e históricos. 

He consultado mucha bibliografía, he buscado en fondos universitarios y he leído multitud de artículos de prensa y de revistas especializadas que he encontrado en las hemerotecas. 

De entre todas las fuentes utilizadas, quiero mencionar y dar las gracias a Terraeantiqvae, una prestigiosa organización formada por arqueólogos de todo el mundo, que me han aportado muchísima información. 

INTRODUCCIÓN

Lo primero que tengo que decir es que, a pesar de lo que muchos pensábamos, y de lo que nos fueron transmitiendo nuestros abuelos y padres, no está comprobado científicamente que esta piedra sea realmente un monumento megalítico, ni siquiera que sea de origen vetón-prerromano, o incluso medieval. Lo cierto es que, en el mundo de la ciencia y de la arqueología, no hay una opinión unánime y definitiva sobre el tema. 

Pero como “fantasear” es gratis y la imaginación es libre, ahí va un pequeño resumen de todo lo leído y estudiado, y que luego cada uno construya su propia realidad. Yo he construido la mía, he configurado una hipótesis, y la cuento al final del artículo. 

Nota: en ocasiones cito textualmente frases de los propios investigadores y arqueólogos consultados. 

DATOS 

La Mesa de los Sacrificios. Siempre la hemos llamado así en nuestro pueblo, porque existía la creencia mayoritaria, transmitida de padres a hijos, de que se trataba de un monumento megalítico (una especie de altar para los sacrificios) de la Edad del Bronce, de unos tres o cuatro mil años de antigüedad. Otros pensaban que podría ser un altar rupestre prerromano, atribuido a los vetones, que habitaron estas tierras hace unos tres mil años, o incluso que podría tratarse de un altar ritual de origen medieval, relacionado con los cercanos restos de San Vicente o Navaserrada. 

Lo cierto es que se trata de una peña de unos dos metros de largo, de un metro de ancho y otro de alto, y de unos dos mil quinientos a tres mil kilos de peso, de evidente aspecto zoomorfo (con forma de animal, posiblemente de un toro), y burdamente calzada con una serie de piedras que simulan tres patas (la pata trasera derecha está casi fuera, poniendo en peligro la estabilidad del monumento). 

Como decía, no hay datos objetivos que puedan ser concluyentes sobre el verdadero origen y uso de este monumento. Sobre lo que sí parece haber consenso general entre los arqueólogos, es que ha sido modelada por la mano del hombre, hace muchos cientos o quizás miles de años, ya que se pueden observar las patas perfectamente perfiladas, que no formaban parte de la piedra en origen, y además parece haber sido toscamente tallada a mano, y muy especialmente lo que podría ser la cabeza, y el hocico. 

TEORÍAS SOBRE SU ORIGEN Y USO

Hay tres teorías: 

1ª. Algunos expertos piensan que podría tratarse de un monumento megalítico (periodo comprendido desde el periodo Neolítico a la Edad del Bronce, o sea, del 4000 al 1000 antes de Cristo, aproximadamente). 

Dentro de la variada gama de aquellos milenarios monumentos (dólmenes, menhires, crómlech y alineamientos), destinados a rendir culto a los dioses y a los muertos, a hacer sacrificios, y a otras finalidades todavía desconocidas, éste de El Hoyo podría tratarse de uno de los más simples del primer grupo (dólmenes o mesas), llamados “megalitos zoomorfos”, constituidos por una gran piedra superior con forma de animal, que soportan, en posición más o menos horizontal, tres o más patas. 

Según los expertos, por desgracia, no hay datos y pruebas suficientes para determinar con rotundidad, que este sea el origen y el uso de nuestro monumento. 

2ª. Otros piensan que la llamada Mesa de los Sacrificios de nuestro pueblo, podría tratarse de un santuario o de un altar rupestre prerromano, de origen vetón, de aproximadamente unos 1.000 años antes de Cristo, creado al aire libre y posiblemente labrado en la misma roca y sobre el propio terreno. Los vetones tenían por costumbre construir altares con forma de animales, principalmente de toros y cerdos, a los que atribuían poderes mágicos. 

Usaban esos altares para rendir culto, y en ocasiones para hacer sacrificios (animales y posiblemente humanos), a la Madre Tierra, a sus dioses (eran politeístas) y a sus muertos. Adoraban a las fuerzas de la naturaleza, al sol, a la luna y a los astros del cielo. 

También los usaban para honrar a sus héroes y a sus difuntos. Dejaban el cadáver en la piedra, junto con las ofrendas, para que con el tiempo, los pájaros se llevaran sus restos a la otra vida. 

Solían construirlos en zonas elevadas y de buena visibilidad, porque al tratase de un lugar sagrado, entendían que estaba más cerca del cielo, que era donde residían algunos de sus dioses y además lo utilizaban como punto de vigilancia, ya que en aquellos tiempos eran frecuentes las disputas entre los clanes de las mismas etnias. 

Por desgracia, ninguno de los elementos analizados da certeza absoluta de que ese sea su origen y su uso. 

3ª. Por otro lado, algunos piensan que quizás podría tratarse de un monumento medieval, que estuviese relacionado con los ritos religiosos y funerarios de los habitantes que ocuparon los asentamientos y necrópolis medievales de la época visigoda, conocidos como San Vicente, Navaserrada o la Sepultura del Moro, que se encontraban en las proximidades. 

MI "FANTASÍA PERSONAL". MI HIPÓTESIS.

Para un aficionado naif como yo, es imposible catalogar nuestra piedra, más aún cuando arqueólogos de mucho prestigio no lo han logrado. Pero nada me impide dar mi opinión, y fundamentarla. Lo que nadie discute es que se trata de un monumento que ha sido modelado por la mano del hombre, hace muchos cientos o quizás miles de años. 

Mi “fantasía” personal, mi hipótesis, es que podría tratarse de un altar rupestre prerromano, de los que solían levantar los vetones, seguramente en su primera época (por la tosca talla de la piedra), de unos 1.000 años antes de Cristo, y que utilizaban para rendir culto a sus dioses, hacer sacrificios, honrar a sus héroes o despedir a sus muertos. 


Baso mi opinión en que los vetones, en su iconografía más básica, utilizaban el toro y la piedra como dos elementos fundamentales para sus ritos sagrados. También me he apoyado en el estudio de piedras similares, que sí han sido catalogadas en otras zonas, como pertenecientes a los vetones de la época prerromana, y que tienen características similares a la nuestra. 

Por otro lado, la ubicación de la piedra, en un alto y con una excelente visibilidad, también era una característica propia de aquellos pueblos prerrománicos. Insisto. Pura elucubración personal. 

CONCLUSIÓN 

Lo único cierto es que tenemos en nuestro pueblo este precioso monumento que, hoy por hoy, no podemos clasificar definitivamente, pero que nos invita a “fantasear” acerca de antiguos rituales, en los que se mezclaba el culto a la naturaleza, la astrología, la religión o el poder social, y donde posiblemente se llevaron a cabo sacrificios de toda índole, evocando a dioses desconocidos, a fuerzas de la naturaleza, a hombres poderosos, a sus héroes, o a sus propios difuntos. 

La imaginación es libre, pero la piedra (La Mesa de los Sacrificios) sigue ahí, en nuestro pueblo. Cuidémosla para futuras generaciones, y quién sabe, quizás algún día consigamos saber cuál fue su verdadero origen y su utilidad. 

Es un enorme privilegio tener un monumento así, en nuestro termino municipal, a un paso de nuestra casa. 

Para terminar quiero desearos las mejores fiestas posibles, desearos mucha salud, pediros que os cuidéis mucho, y que cuidéis mucho a vuestra gente, especialmente a vuestros mayores, y que toda esta situación anómala y extraña pase lo antes posible. 

Un fuerte abrazo, paisanos, y muchas gracias por vuestra atención, y por darme la oportunidad de participar un año más en el libro de las fiestas de nuestro pueblo. 

Jorge Margüenda Pérez.

P.D. Las fotos me las ha prestado Luis José González Hernández, un excelente fotógrafo, de nuestro propio pueblo. Muchas gracias, amigo.

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Fuente | Publicado en el Programa de Fiestas San Miguel, septiembre 2021.

Ilustraciones | Fotografías de la Mesa de los Sacrificios por Luis José González Hernández.