El rey Alfonso XI de Castilla y León había nacido en Salamanca en 1311 y murió en la Semana Santa de 1350, por la epidemia de peste bubónica que asoló Europa a mediados del siglo XIV. Falleció mientras sus tropas sitiaban Gibraltar, que seguía en poder de los musulmanes benimerines, tras haber tomado el monarca castellano el reino de Algeciras en 1344. Era hijo del rey Fernando IV y de su esposa, Constanza de Portugal. Al morir su padre, contaba con un año de edad, por lo que se establecieron regencias, con intensos conflictos, hasta que, con sólo 14 años, asumió plenos poderes reales para intentar calmar la situación.
Entre su actividad legislativa y sus campañas militares, Alfonso XI tuvo tiempo para practicar una de sus mayores aficiones: la caza. El rey promovió la realización de una colosal obra, el Libro de la Montería, en la que quiso reunir todos los conocimientos y usos relativos a la caza mayor, con la participación de sus dos monteros mayores, Martín Gil y Diego Bravo, y de otros quince más que figuran citados en el libro.
El códice original del siglo XIV, manuscrito, seguramente para uso del propio rey y con anotaciones que se iban incorporando, se halla en la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, junto con otro ejemplar datado como del siglo XV. En la Biblioteca del Palacio Real se conserva el códice más hermoso de esta obra, procedente de la Cartuja de Sevilla y que perteneció al Marqués de Tarifa, ilustrado con 17 miniaturas de la escuela castellana.
La primera edición impresa, que permite la divulgación pública de la obra, se publica en 1582 en Sevilla, comentada por el caballero de la ciudad Gonzalo de Argote y Molina y con nuevas ilustraciones, las más difundidas. En 1877, José Gutiérrez de la Vega la publicó de nuevo en Madrid, con mayor fidelidad a los textos originales y con un interesante estudio preliminar. En 1934, el Duque de Almazán publica una nueva edición de lujo, precedida de otro interesante estudio.
Este tratado de la montería de Alfonso XI consta de tres libros. En el primero, se explican técnicas de caza: el equipamiento que debe tener el montero tanto a caballo como a pie, cómo distinguir y seguir los rastros de las distintas especies (venados, osos, jabalíes…), como levantar las piezas, cómo buscar y probar los montes, teniendo incluso en cuenta las condiciones climatológicas y otras diversas circunstancias. El libro segundo está dedicado a los perros de caza, con las heridas que les pueden causar “los animales fieros” y las enfermedades que pueden afectarles y cómo tratar ambas. El libro tercero detalla qué montes de los reinos de Castilla y León eran buenos para la caza, indicando si en verano o en invierno, en qué ubicaciones concretas y las especies que podían hallarse.
En cada paraje incluso se detalla dónde es mejor situar la vocería, es decir, el lugar desde dónde los ojeadores podían hacer batidas y levantar la caza, y dónde situar la armada, esto es, la línea de cazadores que esperaba para abatir las piezas. Hay que recordar que en el siglo XIV la caza era con lanzas o, muy frecuentemente, con ballestas, lanzando varias flechas para abatir al animal, generalmente con mucha mayor proximidad y riesgo que en la caza con armas de fuego.
El capítulo IX del Libro III de esta obra trata sobre “los montes de tierra de Ávila y Cadalso, y San Martín de Valdeiglesias y de Valdecorneja” (todas las transcripciones las hacemos con sintaxis originaria pero ortografía actualizada para mejor comprensión). En dicho capítulo, el rey y sus colaboradores citan varios lugares de caza que, tras el otorgamiento realizado en 1273 por su bisabuelo Alfonso X, ya eran término municipal de El Hoyo (que aún no contaba en su denominación con el apellido de la comarca de Pinares).
Entre ellos se menciona Peña Halcón, que consideraban buen lugar para la caza de osos en invierno. La especie hoy está desaparecida en la zona, pero sin duda se referían a la variante ibérica del oso pardo (usus arctos): "Peña Halcón es buen monte de oso en invierno, y son las vocerías la una desde el camino del Helipar a Navaserrada, y la otra como va el camino de Navaserrada a Quemada. Y es el armada al Horno del [río] Sotillo”.
Según la obra de Alfonso XI, también la zona de Valdegarcía era en el siglo XIV buen paraje para cazar osos y jabalíes en cualquier época del año: “Valdegarcía es buen monte de oso y de puerco, en invierno y en verano. Y son las vocerías la una por cima del lomo de Robledo Halcones tocante a Valdegarcía, y la otra en el lomo del Pinar que está entre Valdegarcía y Navaserrada. Y son las armadas, la una en el camino que va por medio del valle al Sotillo y la otra en el camino que va del valle al Quintanar”.
Consta en el tratado otra zona adecuada para la caza del jabalí: “La Dehesa del Helipar y el Robledillo es todo un monte y es bueno de puerco en invierno. Y son las vocerías la una por cima de la cuerda de las Radas hasta la Cabeza de la Pinosa y la otra desde el cerro de Buhana, por el camino que va desde Las Navas al Helipar, y es el armada en el collado de la Dehesa del Helipar y otra armada en el colladillo que está entre el Helipar y Valdemaqueda”.
También la Buitrera es paraje aconsejado para la caza del oso: “La Buitrera es muy real monte de oso en invierno. Y son las vocerías, la una por cima de la cumbre de la Buitrera y la otra por allende del Cofio, y la otra al collado de Sierrallana. Y son las armadas, la una al collado de Valdemaqueda y otras dos en el camino que va de Valdemaqueda a El Hoyo”.
Los redactores del Libro de la Montería no hablaban de oídas, porque en el libro narran episodios concretos vividos por los cazadores de la corte, como la accidentada persecución de un jabalí en la zona de El Tiemblo, lo que denota que los monteros del rey y, seguramente en la mayor parte de los casos el mismo monarca, eran buenos conocedores de los distintos lugares de caza que van citando en su tratado.
La historia de nuestro pueblo como escenario para actividades cinegéticas de la corte real no debió de finalizar en el siglo XIV, pues recordemos que, cuatrocientos años más tarde, el romance de La Niña del Montero precisamente se refiere a la hija de un montero de caza de Carlos III y se dice expresamente que vivía en El Hoyo de Pinares. Aunque el relato de la desaparición de la niña sea legendario, la referencia a que un montero del rey resida en nuestro pueblo cuando menos no debía de sonar extraña a los oídos de la época.
Carlos Javier Galán
Fuentes consultadas:
• Libro de la Montería, con estudio preliminar de Gonzalo Argote de Molina. Sevilla, 1582.
• Libro de la Montería, con estudio preliminar de José Gutiérrez de la Vega. Madrid, 1877.
• Estudio Preliminar al Libro de la Montería del Rey Alfonso XI de Castilla, por Matilde López Serrano. Editorial Patrimonio Nacional, 1969.
• Alfonso XI. Biografía en la web de la Real Academia de la Historia.
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Fuente: Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, septiembre 2022.
Ilustraciones: El rey y sus monteros, fragmento de una edición del Libro de la Montería de 1582; y la caza del jabalí, ilustración del Códice de la Cartuja del Libro de la Montería.


