Un triste episodio en la historia de El Hoyo de Pinares: la epidemia de peste de 1599

El estallido de la pandemia de Covid-19 en 2020 nos sorprendió a todos como una experiencia nueva e insólita, incluso para las personas de mayor edad, que no recordaban haber vivido u oído contar un fenómeno parecido. Quedaba ya muy lejos otra gravísima pandemia, la de la gripe de 1918, la mal llamada “gripe española”, que dejó entre 20 y 40 millones de muertos en todo el mundo (entre 150.000 y 200.000 en España). La Covid-19 despertó el interés por esta gripe y otras pandemias del pasado, que podían aportar indicios sobre su evolución, su duración y sus consecuencias de todo tipo. 

Una de las enfermedades pandémicas más célebres de la historia es la peste bubónica o peste negra. Normalmente se la asocia con la Edad Media y en especial con el siglo XIV, ya que fue entonces cuando azotó a los países de Europa occidental con una devastación nunca vista, sobre todo en los años álgidos de 1347 a 1351. Según estimaciones actuales, la peste pudo acabar con el 50% de la población europea, entre 25 y 50 millones de personas, lo que la convierte en una de las mayores calamidades de las que se tiene noticia. 

Menos sabido es que en los siglos siguientes se produjeron nuevos brotes de la enfermedad, varios de ellos en España a lo largo del s. XVI. El más grave fue el que tuvo lugar entre 1596 y 1602, cuando la llamada “Gran Peste Atlántica” se extendió del norte al sur de la corona de Castilla. Se cree que la transmitió a la Península un barco, el Rodamundo, que partió de Flandes, hizo escala en las ciudades francesas de Dunquerque y Calais, que estaban infectadas, y llegó hasta Santander (de ahí que se llame atlántica; Pérez Moreda 1980, p. 235). El navío transportaba lana, un producto en el que podían alojarse fácilmente y durante largo tiempo las pulgas que transmitían la bacteria de la peste (la Yersinia pestis) y que eran parásitos de las ratas. Seguramente a través del comercio de la lana (y de ropas y personas infectadas) la peste se fue extendiendo por Oviedo, el valle del Duero, Castilla la Nueva, Portugal, Extremadura y Andalucía, y de nuevo hacia el norte, hasta llegar a La Rioja y las provincias vascas, y no remitió hasta 1602 (Téllez Alarcia 2021, p. 51). En los territorios afectados, tanto en ciudades como en pueblos, parece que murió un 15% de la población, tasa que quizá llegó al 30% en el peor año, 1599. Se calcula que en total pudieron alcanzarse los 500 000 fallecidos. 

También la provincia de Ávila sufrió los estragos de la peste . Gracias a los libros de defunción de las parroquias es posible conocer con detalle la evolución de la mortalidad. Uno de los pueblos más afectados fue Palacios de Goda, donde en agosto de 1599 el número de difuntos se multiplicó por 3 ó 4 y murieron hasta 11 niños. Se conocen casos en Collado de Contreras, Adanero, Navalmoral y San Juan de la Nava, mientras que otros municipios se libraron del mal, como Mingorría, Gemuño, Flores de Ávila, Muñogalindo y Naharrillos del Álamo. En Mombeltrán se llegaron a provocar incendios para tratar de parar los contagios. 

El Libro de Difuntos de Fontiveros quedó incompleto precisamente en julio de 1599 porque el párroco cayó víctima de la peste. Al sacerdote que ocupó su lugar la Diócesis le abrió expediente por este motivo. En el informe se lee que en ese momento: 

…había en estos reinos peste en general y especialmente la avía en la dicha villa de Fontiveros muy grande de que moría mucha cantidad de gente y de cómo no aviendo quien sirviera el dicho beneficio curado vinieron a servir ... dos frailes descalzos de la orden de San Francisco del convento de Cardillejo (a media legua de Fontiveros): uno de ellos murió de la peste y el otro herido della le llevaron al dicho su monasterio. Y viendo que ningún clérigo quería ir a servir, no tan solamente a la dicha villa de Fontiveros pero a ningún otro lugar desde obispado donde abia la dicha peste, que eran muchos los que así estaban apestados, se me ordenó fuese a servir en la dicha villa. 

También contamos con un desgarrador testimonio sobre los efectos de la peste bubónica en El Hoyo de Pinares en 1599. El Archivo Diocesano Provincial custodia los libros de defunción de la Parroquia de San Miguel Arcángel entre los años 1607 a 1898, por lo que no hay datos exactos del s. XVI. Tampoco hay noticias de otros pueblos cercanos, como Cebreros, El Tiemblo o San Bartolomé de Pinares, cuyos libros de defunciones son posteriores a 1599. Sin embargo, sí se conservan los libros de bautizos de El Hoyo de Pinares desde 1543 a 1863 (y los de matrimonios desde 1587 a 1895). Precisamente en el Libro de Bautizados de 1599 el párroco dejó constancia de los siguientes sucesos: 

En este año fue la gran pestilencia que comenzó por San Pedro y acabó por San Miguel. Murieron 387 personas y quedaron cuatrocientos y catorce vivos, lo cual se averiguó por un juez que vino de Madril (sic) para dar al pueblo por sano. Murieron día de San Lorencio diez y siete personas. Y para que haya memoria de esto lo escribí yo, Juan Pº Sánchez, y se cerraron ciento y siete casas. (Libro 1º, fol. 77v., citado por de Tapia Sánchez 2008, 371, n. 52). 

La tasa de mortalidad, según estas cifras, fue nada menos que del 48,38%, solo en los tres meses de verano, y en un solo día, el 10 de agosto, llegaron a morir diecisiete personas. Los síntomas de la enfermedad eran terribles, como sabemos por muchos testimonios del siglo XIV (como el comienzo del Decamerón de Boccaccio, que fue testigo de la peste en Florencia) y por informes clínicos modernos: una vez que se producía el contagio por la mordedura de una pulga infectada o por el contacto con una persona enferma, la bacteria entraba en la sangre y causaba la inflamación de los ganglios linfáticos, llamado bubones, en las axilas, la ingle o el cuello, los cuales a menudo supuraban. Ello iba acompañado de fiebre alta, tos sanguinolenta, dolores de cabeza y vómitos, hasta que en unos pocos días sobrevenía la muerte. Tan solo podemos imaginar el horror de las gentes al ver enfermar y morir sin remisión a familiares, amigos y vecinos, y viviendo con el miedo constante a infectarse. 

La epidemia irrumpió en un momento de especial debilidad para la localidad, que en toda la década de 1590 venía sufriendo una fuerte crisis demográfica. En este cuadro puede observarse la evolución del número de bautizados (en de Tapia Sánchez 2008, 358): 


Como vemos, los bautizos (lo que vale para los nacimientos) bajaron drásticamente, hasta menos de la mitad, en los años 1597 y 1598, que al parecer tuvieron inviernos con muchas lluvias y nieves y primaveras con largas sequías, lo que tuvo que producir cosechas muy escasas y, en consecuencia, carestía, pobreza y hambre, a los que se sumó la terrible enfermedad, a modo de plaga bíblica. 

Por desgracia, no fueron los últimos casos de peste en España: en 1647 estalló otro brote en Valencia, que afectó a Aragón, Cataluña y Andalucía (hasta el punto de que en Sevilla pudo fallecer el 45% de la población). Nuevamente en 1676 las principales ciudades andaluzas, así como Cartagena, sufrieron el duro castigo de la enfermedad. El último caso de peste documentado en España ocurrió en la isla de Mallorca en 1820 y provocó miles de muertes, lo que al menos estimuló que se adoptaran medidas de control y prevención, como el confinamiento de las poblaciones afectadas, las desinfecciones y las incineraciones. Afortunadamente, el avance de la medicina y la generalización de la higiene, de los antibióticos y de las vacunas durante el s. XX han convertido en cosas del pasado epidemias tan atroces como la que padeció El Hoyo de Pinares en el aciago año de 1599. 

Marco Antonio Santamaría

Bibliografía:
- Pérez Moreda, V., 1980: Las crisis de mortalidad en la España interior, siglos XVI-XIX, Madrid. 
- Tapia Sánchez de, S., 2008: “Vida y Muerte de los campesinos de Ávila en la época del Duque de Alba”, en G. del Ser Quijano (coord.), Congreso V Centenario del nacimiento del III Duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo. Actas. Piedrahíta, El Barco de Ávila y Alba de Tormes (22 a 26 de octubre de 2007), Ávila-Salamanca, pp. 347-371. 
- Téllez Alarcia, D., 2021: “Pandemias históricas en La Rioja. La Peste Atlántica de 1599-1600”, Belezos: Revista de cultura popular y tradiciones de La Rioja nº 43, pp. 50-55.

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Fuente | Publicado en el Programa de Fiestas San Miguel, septiembre 2023.

Ilustraciones | De la publicación original.