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Don Manuel

Hay personas que forman parte de tu paisaje vital de tal forma que crees que nunca dejarán de estar. La noticia de la muerte de Manuel Tabasco me sorprendió a muchos kilómetros de mi pueblo y me invadió la incredulidad y una profunda tristeza. La de decir adiós desde la distancia al maestro y al amigo, a tantos años de vivencias y de complicidades. 

Cierro los ojos y recuerdo cuando de niños caricaturizábamos a D. Manuel y su Vespa y le arrancábamos su sonrisa con aquellos artículos gamberros publicados en el periódico del colegio. Lo veo enseñándome pacientemente cómo revelar fotografías en blanco y negro en el cuarto oscuro que montó en su garaje. Regalándome ilusionado una botella de vino de su cosecha. Mostrándome los suplementos especiales del Diario de Ávila para las fiestas, que con tanto mimo preparaba. Encontrándomelo en la calle cuando ya se marchaba a casa, diciendo con alegría “hombre, mi amigo…” y dándose la vuelta sólo para tomar un vino juntos y conversar un rato. 

Ejerció como maestro durante décadas. Y de esa larga trayectoria, nada menos que 37 años los dedicó a la enseñanza precisamente en su pueblo, El Hoyo de Pinares. Vocacional y entregado, era innegable la satisfacción y el orgullo con que seguía luego los pasos y los éxitos de sus antiguos alumnos.

Ordenado y metódico, gustaba de una vida sencilla, casi como aquellos cuadernos de clara caligrafía con los que nos explicaba la geografía y la historia. Disfrutó de su trabajo, de sus aficiones –el campo, el aeromodelismo, la mecánica, el vino de pitarra, la fotografía…-, de su familia –adoraba a su mujer y sus hijas-, de su pueblo... 

En 1984 comenzó a ser corresponsal de Diario de Ávila. El periódico abulense había tenido esporádicamente colaboradores en nuestra localidad, algunos de brillante pluma, pero no había logrado nunca una verdadera continuidad en ese cometido. Con él lo consiguió. El Diario alcanzó mayor difusión local y se seguía con notable interés. El nombre de El Hoyo de Pinares comenzó a ser mucho más conocido en una provincia donde, sorprendentemente, se le había ignorado con frecuencia. Nos retrató y narró cumplidamente desde sus páginas más de treinta años de la vida de nuestro pueblo, incluyendo momentos históricos ya inolvidables. Deja el excepcional legado de un archivo gráfico y de textos sobre la vida local y merecerá la pena que su municipio y su periódico acometan el esfuerzo de una exposición conmemorativa que, además, sirva para rendirle homenaje. 

Frente a tantas personas expertas en escurrir el bulto, siempre se podía contar con él. Siempre. Para lo que se le pidiera. Todo lo que fuera bueno para la gente que quería, para la educación y la cultura, para su pueblo del alma, contaba de antemano con su colaboración entusiasta. 

Resultará difícil acostumbrarse a que no esté ahí, con su cámara, con sus ocurrencias, con sus singularidades, con ese afecto que nos fue repartiendo a los demás cada día durante toda su vida.

Carlos Javier Galán
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Fuente | Publicado en Diario de Ávila,  26 septiembre 2017.
Ilustración|  Fotografía de Manuel Tabasco, original de Lola Oritz, Diario de Ávila.

Recuerdo a Nasta

- ¿Qué pasa, macho? 
- Hombre, Nasta, ¿qué tal? 

Este año no estará puntual en la víspera, saludando y haciendo preguntas –a veces convencionales, a veces sorprendentes- a los músicos, a los empleados municipales o a cualquiera de sus paisanos que se acercara por allí…. Ya no volveremos tampoco a encontrarlo en los partidos del club de fútbol. O en tantos momentos de la vida de su pueblo que no quería perderse… 

Inolvidable, afectuoso, entrañable. Este año el primer cohete de las fiestas subirá al cielo por él.

C.J.G.
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Fuente | Publicado en Diario de Ávila, 26 septiembre 2017.
Ilustración | Fotografía original de Teresa Galán.

Centenario de la muerte del banderillero Serafín Uría "Barbero"


29 de septiembre de 1916. El Hoyo de Pinares había festejado por la mañana a su patrón, San Miguel Arcángel, con misa y procesión. Por la tarde, se celebraba una novillada en la plaza del pueblo, habilitada como coso taurino para satisfacer una afición inmemorial. 

El novillero Francisco Martínez, Palmerito, se enfrentaba al primero de la tarde, un difícil ejemplar de la ganadería de Robles, cuando el banderillero Serafín Uría, Barbero, resultó fuertemente corneado. 

Según narraron algunas crónicas de la época (publicadas en La Acción, Heraldo de Madrid, La Correspondencia de España y La Lidia) fue trasladado a la enfermería, donde el médico le atendió sin percatarse de que su situación fuera tan grave. 

Para que se recuperase de la conmoción y poder ponerse en camino a Madrid, lo acogieron en un domicilio particular. Allí fue empeorando, hasta sufrir horas después una parada cardíaca. En el pueblo no se conocía su estado y se había mantenido el baile, en el que muchas personas disfrutaban ajenas a la tragedia que se producía a poca distancia. A las diez de la noche, moría en El Hoyo de Pinares Serafín Uría, con tan solo veintiséis años.

El acta de defunción, extendida el 1 de octubre y suscrita por el juez Julio Miguel y por el secretario Vicente Herranz, recoge como causa de la muerte “fractura de la base del cráneo”, tras haberle practicado la autopsia. El declarante fue el alguacil de la localidad y firmaron como testigos dos vecinos, Sebastián Herranz y Rafael Martín. 

Serafín había nacido el 10 de julio de 1890 en Madrid. Era hijo de madre soltera, Teresa Uría, de Villafranca del Bierzo (León). La familia vivía en el madrileño barrio de Chamberí, concretamente en la calle Covarrubias y, al parecer, tanto la madre como los hermanos dependían de los ingresos del banderillero. 

El desafortunado joven recibió sepultura en el cementerio municipal de El Hoyo de Pinares. Es de suponer que la familia no pudiera acometer los gastos del traslado y de adquirir nicho en la capital. De la precaria situación económica en que quedaron sus allegados nos da idea el hecho de que, algunas semanas más tarde, el 15 de octubre de 1916, se celebró en la Plaza de Toros de Tetuán una cuestación a su favor entre el público después de lidiarse el tercero de la tarde. Los toreros que tomaban parte en la corrida, junto a otros que estaban de espectadores y se unieron, recolectaron 145 pesetas de la época para la madre y hermanos de su compañero, un gesto del que dan cuenta las revistas La Lidia y Toros y Toreros

En el viejo cementerio de nuestra villa puede encontrarse la tumba en la que, a pesar del deterioro del siglo transcurrido, aún puede leerse: “A nuestro infortunado hijo Serafín Uría Barbero, víctima del toreo el 29 de septiembre de 1916, a los 26 años de edad. Tu madre, tía y hermanos nunca te olvidan. D.E.P.”. Durante muchos años se conservó la memoria de un suceso que impresionó hondamente al pueblo y, por ello, cada 1 de noviembre, cuando las familias iban a honrar a sus difuntos, era costumbre que las jóvenes de la localidad depositaran flores sobre esa solitaria lápida. 

Este año, con ocasión de cumplirse el centenario de aquella desgraciada muerte, la Corporación Municipal ha tenido el acierto de programar un hermoso gesto de recuerdo a Serafín Uría Mauriz, Barbero. El jueves 29 de septiembre de 2016, la novillada se lidiará con divisas negras y la plaza guardará un minuto de silencio en memoria del torero. Un hombre joven que vino a El Hoyo de Pinares hace cien años, quién sabe si persiguiendo con vocación sus sueños, o tal vez solamente en busca de unos pequeños ingresos con los que mantener a su familia, y que ya nunca regresaría al hogar donde lo esperaban.

Carlos Javier Galán

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Fuente | Publicado en el Programa de Fiestas San Miguel 2016 y en Diario de Ávila 27.09.2016.

Ilustraciones | Óleo Tercio de banderillas, de Estefanía Castillo Heredia. Fotografías Procesión de San Miguel 1952, propiedad de J. Cándido Martín, y Tarde de toros lluviosa en la Plaza de España, propiedad de Sebastián Gallego, ambas publicadas en el libro El Hoyo de Pinares; Imágenes del Ayer, de Carlos Javier Galán. Fotografía de la tumba de Serafín Uría Barbero, de Manuel Tabasco.

La niña y la higuera

Cada año, al llegar las fiestas de San Miguel, dedico algún artículo a El Hoyo de Pinares, a rescatar algún episodio de historia medieval, a recobrar el retrato de personas singulares de esta villa, a ahondar en curiosidades… En esta ocasión, os voy a recomendar un libro: La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. Entre sus páginas vais a encontrar también algún trocito de nuestro pueblo.

Hace años –escribe Rosa-, al principio de nuestra relación, fuimos a una casita que sus padres tenían en un pueblo de montaña de la provincia de Ávila. Pablo había pasado allí los lentos, formidables veranos de la infancia, y me fue enseñando el paisaje de su niñez: el camino al río, el bosque, la poza donde se bañaba”… Pablo es Pablo Lizcano, pareja de la escritora durante más de dos décadas. Y sí, el pueblo abulense de montaña es El Hoyo de Pinares. 

El padre de Pablo, Manuel Lizcano Pellón, asentó su segunda residencia –Torre los Cantos- en nuestra localidad hace largo tiempo, calculo que alrededor de cincuenta años. Mi padre se refería a él con afecto y un respeto casi reverencial. Nunca le vi inclinarse ante la riqueza o el poder, pero sí ante la inteligencia. Y siempre, reconocer la bondad. Manuel Lizcano me dio esa impresión cuando me lo presentó: un hombre sabio y entrañable. 

Luego pudimos conversar brevemente en unas pocas ocasiones. Alguna de ellas intenté convencerle para participar en alguna actividad pública –por ejemplo, le propuse que diera un año el pregón de fiestas- y siempre declinó mis invitaciones con amabilidad. Intuyo que para él El Hoyo de Pinares era, sobre todo, lugar de refugio, donde encontrar la tranquilidad necesaria para escribir o para descansar. Y sospecho también que era persona discreta y poco amiga del bullicio. 

Algunos de los libros que publicó están datados precisamente en nuestro pueblo. Su consideración y cariño por esta villa queda fuera de toda duda con sólo leer lo que afirmó en 1991 en estas mismas páginas de El Diario de Ávila: “Con ocasión de mis frecuentes viajes profesionales, como sociólogo, por las Españas lejanas que prácticamente son toda Iberoamérica y Filipinas, a menudo he recordado los bosques de esta pequeña España de Hoyo de Pinares. Un punto privilegiado de la Castilla serrana de Ávila, próximo a la tierra de Madrid, donde se abre paso entre los dos macizos de Guadarrama y de Gredos, nuestra doble memoria clásica de las dos Castillas, la del Cid y la de Don Quijote”. 

Los hijos de Manuel y de su esposa María Jesús, entre ellos el periodista Pablo Lizcano, pasaron aquí muchos fines de semana y aquellos veranos de su infancia, como recuerda la novelista. 

Pablo murió en 2009, con sólo 58 años. Yo desconocía que estaba casado con Rosa Montero. Lo supe cuando leí el artículo que ella escribió en El PaísUna vida, se titulaba-, uno de esos textos que uno tiene de cabecera, para recordarnos de vez en cuando lo que somos. 

En pleno duelo por esta pérdida, llegó a las manos de Rosa el diario que la científica Marie Curie escribió tras el fallecimiento de su esposo Pierre. A partir de esa lectura y de sus vivencias personales, la escritora construye un libro muy personal, difícilmente clasificable, donde entabla un diálogo cercano y cómplice con el lector. Y, como suele suceder cuando se mira de frente y con naturalidad a la muerte, la vida late con fuerza en todas sus páginas. 

De hecho, da cierto pudor destacar el elemento local, la conexión con nuestro pueblo, en una obra que, claro está, va en otra dirección, que explora en el mundo de los sentimientos, del dolor, del amor, de las amistades, de las contradicciones, de la tenacidad, de las limitaciones... y de cientos de cosas más. Si lo traigo a colación es porque, sin duda, es una curiosidad para las personas vinculadas a El Hoyo de Pinares, pero, obviamente, no pasa de ser un dato anecdótico. Y el libro lo recomiendo no sólo porque aparezcan reflejados de refilón nuestros paisajes sino, especialmente, por todo lo demás. 

Al comienzo de la senda, al salir del pueblo, hay una higuera. Aquella primera vez me la mostró y me contó su historia: a finales de agosto, mientras los frutos terminaban de madurar, una niña se sentaba bajo las ramas y se pasaba las horas cantando para espantar a los pájaros y evitar que picotearan los higos. A Pablo la escena debió de maravillarse: me la contó ese día y muchos más, cada vez que íbamos al pueblo (…)”.

¿Quién sería aquella niña, que hoy será una mujer de nuestro pueblo? ¿Recordará los días en que cantaba bajo la higuera para mantener alejados a los pájaros? 

Rosa se pregunta qué pensará uno antes de morir. Y está convencida de que aquella fue “una escena luminosa y crucial en la imaginería de Pablo”. 

La niña y la higuera, eran de El Hoyo de Pinares. De Pablo Lizcano, aquella mirada asombrada del niño. Y Rosa Montero pone las palabras mágicas del escritor. Para enseñarnos cómo lo grande de la vida se esconde en lo pequeño.
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Fuente | Publicado en Diario de Ávila, 23.09.15.

Ilustración | Portada del libro La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. 

Los apellidos en El Hoyo de Pinares

¿Qué apellidos portan los actuales vecinos de El Hoyo de Pinares? ¿Qué significan, de qué modalidades son, de dónde provienen…? No soy experto en Genealogía, ni en Heráldica, ni en Etimología, ni en Historia... Así que espero que el lector me sepa perdonar las involuntarias imprecisiones, las carencias o los errores en que pueda incurrir en estos modestos apuntes. Nacen con la única intención de despertar la curiosidad, de incitar a mis paisanos a ahondar en su propia historia familiar. 

El origen histórico de los primeros apellidos se sitúa en la necesidad de diferenciar a unas personas de otras cuando tenían el mismo nombre de pila. Surgen de manera informal y, ya en el siglo IX, se aprecia la tendencia a añadir, a continuación del nombre propio, alguna identificación familiar. Al contrario de lo que sucede hoy, los apellidos no se imponían a un recién nacido: no necesitaba diferenciarse. Los elegía y comenzaba a usar de adulto. Y no tenían por qué ser idénticos a los de sus hermanos. 

En el siglo XVIII, en las clases altas de Castilla, comenzó a utilizarse el sistema de doble apellido, primero el paterno y después el materno. Durante el XIX, este uso se extiende por España y por casi toda Iberoamérica… Y a mediados de esa misma centuria pasará de ser una simple costumbre a convertirse en norma administrativa. Nuestro sistema histórico de apellidos es peculiar, porque en muchos países, como es conocido, aún hoy la mujer pierde el suyo y adopta el del varón al contraer matrimonio. En España no sólo se mantiene el doble apellido sino que, en el año 1999, se reguló la posibilidad de invertir voluntariamente el orden y colocar como primer apellido el materno, opción reforzada con la nueva regulación legal en 2011. 

Los apellidos originarios y más extendidos, desde época visigoda y durante toda la Edad Media, son los llamados patronímicos, que implicaban una referencia al linaje paterno. La mayoría de ellos en castellano terminan en “ez”, porque se formaron a partir del genitivo latino de la tercera declinación (“is”) según sostienen numerosos historiadores. En El Hoyo de Pinares, como en el resto de España, son amplia mayoría estos apellidos patronímicos. Así, tenemos, entre los acabados en “ez”, Álvarez (que significaba hijo de Álvaro), Estévez (de Esteve), Fernández (de Fernando), González (de Gonzalo), mi segundo apellido Gutiérrez (de Gutierre), Hernández (de Hernando), López (de Lope), Jiménez (de Jimeno), Martínez (de Martín), Méndez (de Mendo), Pérez (de Pero, lo que hoy sería Pedro) o Sánchez (de Sancho). También en nuestro pueblo hay algunos patronímicos finalizados en “az”, como es el caso de los Díaz (hijos de Diego), e incluso en “anz”, como Herranz (de Hernán o Hernando). Menos usuales son los acabados en “oz”, aunque podemos citar Muñoz (hijo de Munio). 

En determinados casos, el apellido adoptado era el mismo nombre del padre, pero tal cual, sin derivación ni sufijo. Ejemplos de ello en El Hoyo de Pinares serían: Alonso, Beltrán, García (nombre vasco éste, Gartzia, que es hoy, a su vez, el apellido más frecuente en toda España), Gil, Jorge, Martín, Miguel, Pablo o Pascual

No es infrecuente que se formasen apellidos a partir de una característica física o de un rasgo de la personalidad del sujeto. Hoyancos con apellidos de este tipo podrían ser los Blanco (por tener la piel o el cabello de este color) o los Agudo, por ejemplo. Muy probablemente sea también el caso de Royo (porque royo, o roya en femenino, era alguien de pelo rubio o de tez rojiza). Desconozco si Propios podría encuadrarse o no en este grupo, porque también puede constituir referencia a un origen (De Propios). En este bloque sí entraría obviamente el mío, el apellido Galán, de procedencia aragonesa, que apuntaría al carácter o la apariencia de sus primeros portadores. 

Algunos apellidos tienen resonancias religiosas, como es el caso de Abad, De la Asunción, San Andrés o el muy frecuente Santamaría o Santa María

Muchos apellidos españoles hacen mención a un lugar, a un accidente geográfico, a un elemento arquitectónico… Entre los que ostentan los habitantes de El Hoyo de Pinares hallamos Carvajal (un carvajal es un robledal de gran extensión), Navas (una nava es una zona de tierra llana entre montañas), Robledo (sitio poblado de robles) o Del Prado… También podríamos incluir aquí Plaza o De la Fuente. Otro apellido muy presente en El Hoyo de Pinares desde tiempos medievales, Ayuso, procede de un adverbio castellano en desuso que significa abajo

No son pocos los apellidos toponímicos, que aluden a una procedencia territorial o, en el caso de nobles, a solares de su posesión. En nuestro pueblo es muy habitual el apellido Gallego, que en sus inicios designaría, como es evidente, a personas originarias de Galicia. Más curioso es Ochando, probablemente relacionado con la aldea de tal nombre, perteneciente al municipio de Santa María la Real de Nieva (Segovia), pero que a su vez proviene del nombre euskérico Otxando u Otsando, tal vez por la procedencia de sus fundadores o primeros pobladores. No sería descabellado pensar que el apellido Luque evoque la villa del mismo nombre en la provincia de Córdoba, que dio origen a varios títulos nobiliarios (el primero de ellos el de Conde de Luque, otorgado por Felipe IV en 1642 a Salvador Venegas de Córdoba). Marín también obedecería a este criterio, quizá relacionado con el actual Concello de Marín, en la provincia de Pontevedra… ¿Y el apellido Morán qué significaría? Pues en la Edad Media se llamó moranes a los hijos nacidos de una mora y existe también algún municipio con esa denominación, como Morán (Huesca). 

Sobre el origen y procedencia de Ferrera hay tantas posibilidades que me resulta imposible aventurar siquiera una conjetura acerca de su presencia en El Hoyo de Pinares. Y lamento no poder apuntar tampoco certidumbre alguna sobre otro apellido muy propio de aquí y muy peculiar, Tabasco, que apenas ostentan 900 personas en toda España… ¿Tendrá algo que ver con la región mexicana del mismo nombre? 

Puede haber apellidos que hagan referencia sencillamente a objetos, como es el caso de Barril, Cubos… Y los hay que aluden a un animal: León, Lobato… 

Y termino con un tipo de apellidos muy habitual: el que se refiere a oficios de sus portadores originarios. En El Hoyo de Pinares un caso notorio es Tejedor, que en principio designaría a alguien dedicado a la confección textil, y que está presente en nuestro pueblo desde la Edad Media, entonces escrito como Texedor. La palabra de origen árabe Albarrán designaba, según el diccionario de la Real Academia Española, al “mozo soltero dedicado al servicio agrícola”, aunque también se aplicaba sencillamente al pastor principal de un ganado. Otro caso de apellido hoyanco relativo a oficio es Cubero, que puede referir al fabricante o vendedor de cubos (en ese caso posiblemente no el recipiente en el que todos pensaríamos hoy, sino la pieza central en que se encajaban las ruedas de los carruajes) o al de cubas (el recipiente de madera que se usa para contener vino y otros líquidos). 

LA SINGULARIDAD DE UN APELLIDO: ORGANISTA 

Entre los apellidos de oficios, hay un caso excepcional en nuestro pueblo: Organista. Como es obvio, hace referencia al músico que tocaba el órgano. Pero no encontraréis un apellido más genuinamente hoyanco que éste. 

Según el Instituto Nacional de Estadística, en toda España únicamente hay 264 personas que tienen Organista como primer apellido y 265 como segundo. Para que nos hagamos una idea comparativa, en nuestro país existen más de 920.000 Fernández de primero y más de 930.000 de segundo. Y hay casi un millón y medio de García de primero y otros tantos de segundo. 

Los Organista españoles prácticamente viven todos en dos provincias: en Madrid, 142 residentes lo portan en primer lugar y 146 en segundo; y en Ávila, 86 como primer apellido y 84 como segundo. 

Pero la procedencia, incluso de los Organista empadronados en Madrid, parece clara: de los 264 que lo tienen como primer apellido en todo el país, más de la mitad, 150, nacieron en la provincia de Ávila, según el INE. Y de los 265 que lo portan en segundo lugar, 144 son abulenses de nacimiento. 

Fuera de Madrid y de Ávila, apenas hay un 15 % del total: encontramos sólo algunas familias Organista en Cataluña, en la Comunidad Valenciana… Y todas las que he podido identificar en realidad provienen de nuestro pueblo. 

Estoy absolutamente convencido de que la totalidad de los Organista de España posee alguna vinculación con El Hoyo de Pinares. Yo sostengo que este apellido en todo el territorio nacional proviene de una única persona, de una única rama familiar, y que se inició en nuestro pueblo. 

En ninguno de los grandes repertorios de genealogía hispana se menciona siquiera este apellido, por infrecuente. Las webs heráldicas tampoco lo suelen incluir. Sólo he encontrado unas pocas líneas en una página, misapellidos.com, donde dice literalmente: “La mayoría de personas con este apellido proceden de la localidad de El Hoyo de Pinares (Ávila) sin que se conozcan otras procedencias diferentes. Por tratarse de un apellido relativo a un oficio o profesión parece que puede tener origen en los judíos conversos que se quedaron en España tras la expulsión acordada por los Reyes Católicos”. 

¿Y qué pasa con los Organista de otros países? En aquellas naciones europeas que fueron destino del exilio político o de la emigración socioeconómica española, en cuanto tomamos contacto con algún portador del apellido, suele tener, en efecto, alguna relación familiar con nuestro pueblo… Creo que aquí tengo que aprovechar para saludar afectuosamente a la familia de nuestro amigo Ángel Organista, de Francia. 

Pero en la Europa Central y del Este existen también algunas familias -austriacas, húngaras, polacas, rusas…- que se apellidan precisamente así, Organista en español. 

Encontramos asimismo el apellido en América, en lugares como Colombia y, sobre todo, en México y en Estados Unidos (en la pobladísima Norteamérica hay tantos Organista como en España)… ¿Serán los Organista del otro lado del Atlántico parientes de los nuestros? No he encontrado referencias a algún portador hoyanco de este apellido que “cruzara el charco”, ni en los listados de pasajeros de los primeros viajes a “las Indias” ni en las posteriores migraciones económicas o políticas. No quiere decir que no exista, pero yo no lo he hallado por ahora. Muchos Organista americanos conservan también nombres de pila genuinamente españoles y, si hacemos un rastreo en registros de aquel país, encontramos que un tal Crescencio Organista falleció en 2004 en algún lugar no determinado de EE.UU., que un Gregorio Organista murió en 1979 en Los Ángeles o que la defunción de un Hilario Organista se produjo en Nueva York en 2007. Pero otras veces el apellido en castellano se ha unido ya a nombres en inglés, y así, entre los naturales de California, constan, entre otros, Rachel Organista (nacida en 1925), Richard Organista (en 1927) o Sarah Organista (1929), al igual que en Pensilvania había nacido un Peter Organista en 1903, por citar sólo algunos ejemplos. 

Si yo llevara este apellido tan poco común y que, al menos en nuestro país, es tan específicamente hoyanco, utilizaría las webs genealógicas que existen para indagar sobre el mismo. O cuando menos crearía un grupo en Facebook, denominado así, “Apellido Organista”, y tendería lazos con los pocos que lo llevan en todo el mundo, para recoger datos y ponerlos en común. Seguramente, si cada uno se remonta a lo que conoce de su familia, a lo que le han contado, a lo que puede preguntar, los resultados serían sumamente curiosos. Lanzado el reto queda. A ver si algún Organista se anima…

Carlos Javier Galán

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Bibliografía: 

- Índice de los 40 tomos del Alfabeto General de Apellidos. Francisco Zazo y Ulloa y Francisco Zazo Rosillo. Manuscrito. 1778. 
- Ensayo histórico-etimológico-filológico sobre apellidos castellanos. José Godoy Alcántara. Imprenta Ribadeneyra, Madrid, 1871. 
- La evolución de los apellidos. Artículo de Miguel de Unamuno. Suplemento literario de El Nervión, Bilbao, 27 junio 1892. 
- Diccionario Heráldico y Genealógico de Apellidos Españoles y Americanos. Alberto y Arturo García Carraffa. Imprenta Antonio Marzo, Madrid 1920-63. Tras su fallecimiento, fue completada, a partir del tomo XVI, por Endika de Mogrobejo, 1995. 
- Geografía lingüística de los apellidos españoles (algunos aspectos). Artículo de Manuel Ariza Viguera. Anuario de Estudios Filológicos, 2001. 
- Los apellidos más extendidos en España, apuntes onomásticos y genealógicos. Artículo de Antonio Alfaro de Prado Sagrera. Cuadernos de Genealogía nº 3, 2008. 
- Los apellidos: origen, evolución y transmisión. Artículo de Juan Carlos González Ternero. Cuadernos de Genealogía nº 8, 2010. 
- La transmisión de apellidos. Introducción común a las cartas genealógicas elaboradas por el historiador Francisco Ortiz Lozano. Ardales (Málaga). 

- Portal de Archivos Españoles (PARES) del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes
- Hispana. Portal de recursos digitales del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes
- Portal Movimientos Migratorios Iberoamericanos del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes 
- Sephardim, genalogía sefardita 

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Fuente | Publicado en el Programa de Fiestas San Miguel 2015.

Ilustraciones | Escudos de los apellidos Cubero, Fernández, Gallego y Pablo. Nube de apellidos hoyancos.  Organista, grabado de oficios medievales original de Carlos Adeva.

El secuestro de Javier Rupérez

Septiembre de 1979: dos terroristas de ETA, Aulestia Urrutia y Françoise Marhuenda, se reúnen en Francia. Él le suministra a ella los datos para hacer un seguimiento a un diputado de Unión de Centro Democrático, Javier Rupérez. Se trata de elaborar un informe para un posterior secuestro, en el marco de una campaña terrorista que reclamará la amnistía de sus presos cuando se apruebe el estatuto de autonomía vasco. Marhuenda alquila para ello un piso en la calle de la Encomienda nº 20 de Madrid, con una identidad falsa y, durante dos semanas, vigila las costumbres del diputado. Terminada su tarea, se tiene que entrevistar con el “comando” que llevará a cabo la acción, el mismo que había intentado secuestrar a otro diputado centrista, Gabriel Cisneros. Este político había conseguido milagrosamente zafarse de los terroristas en el momento en que iban a capturarlo, aunque resultó herido de bala. 

Se citan en el bar del teleférico de la casa de Campo, en la calle Pintor Rosales. Allí aparecen (según el relato que Françoise hará a la policía tiempo después) Luis María Alkorta (alías Bigotes) y Arnaldo Otegi (El Gordo). Le proponen irse a vivir con ellos a un chalet que utilizan como “casa franca” en nuestro pueblo, El Hoyo de Pinares. Allí les espera el otro integrante del grupo, José María Ostolaza, alias El Barbas

Françoise asegura que, durante varios días, efectúa viajes desde nuestro pueblo a Madrid con integrantes de ese “comando” para contrastar la información de seguimiento que ha recogido y estudiar in situ como debía llevarse a cabo la operación.

Los terroristas ya tienen estudiadas las costumbres del diputado. Para su acción, usarán los mismos turismos, dos Seat 127, uno rojo y otro beige, que utilizaron en el fallido secuestro de Cisneros. Acuerdan que, si se presenta algún inconveniente durante la captura, le matarán. 

La víspera del secuestro, pasan todos la noche en el piso alquilado de la calle de la Encomienda en Madrid. A las siete de la mañana del 10 de noviembre de 1979, van a la Casa de Campo y dejan allí aparcado el 127 beige. Siempre según el relato de Françoise (luego no confirmado íntegramente por las sentencias judiciales), los cuatro terroristas, cada uno con un arma, se dirigen en el coche rojo al domicilio de Rupérez, en la madrileña plazuela de la Morería, donde llegan sobre las ocho y media de la mañana. La mujer se sienta en un banco en la acera de enfrente y el Seat 127 lo aparcan detrás del vehículo de Rupérez, a unos 50 metros de distancia. 

A las nueve y diez, sale de su domicilio Javier Rupérez y se encamina a su coche, un Seat 127 azul marino, de dos puertas, matrícula M-4032-AL, aparcado en la calle de la Morería con la plaza del Alamillo. Como Secretario de Relaciones Internacionales de UCD, tiene previsto acudir a las 10 h. a la I Mesa Iberoamericana de Partidos Democráticos que se celebra en el Hotel Monte Real de Madrid. Nunca llegará a su destino. 

Rupérez entra en su coche y, cuando se dispone a arrancar, dos individuos armados con pistolas abren la puerta y le encañonan. Le conminan a pasar a los asientos de atrás. Uno de los pistoleros se sienta a su izquierda apuntándole. Otro se coloca en el asiento del conductor y abre la puerta para que ocupe el puesto del copiloto la muchacha con chándal y bolsa de deportes a la que poco antes Rupérez había visto sentada en un banco. 

Cuando el vehículo se dirige hacia la zona de la Estación de Príncipe Pío, el individuo que tiene a su lado, sin dejar en encañonarle con su pistola,  le ordena agachar la cabeza, ponerse unas gafas opacas y entregarle su reloj. Ya en una zona poco concurrida de la Casa de Campo, le manda bajarse. Le quitan el abrigo, le dan unas pastillas, le atan las muñecas y le vendan los ojos con gasa y cinta aislante. Tras introducirle en el maletero del otro vehículo, emprenden viaje por carretera. Rupérez lógicamente lo ignora, pero en ese momento se están dirigiendo a El Hoyo de Pinares.

Llegados a su primer lugar de cautiverio, entran con el vehículo al interior de un garaje y allí le cambian del maletero al asiento delantero, pero aún atado y con los ojos vendados. Esperan un tiempo y, una vez que se han asegurado de que no hay nadie en las inmediaciones, le trasladan caminando a una habitación, le sientan en un colchón a ras de suelo y por fin le quitan la venda. Entonces ve que está en una especie de tienda de campaña azulada, en la que no puede ponerse de pie. Un encapuchado situado a su lado le indica que sus necesidades las tendrá que hacer en un cubo de plástico verde. Seguirá durante días con la misma ropa y le facilitarán un par de mantas, una palangana con agua y jabón y un cepillo de dientes. 

En el Hotel Monte Real, empieza a inquietar el inusual retraso de Rupérez. Lógicamente al principio se le quiere restar importancia, piensan simplemente que se puede haber dormido. Luego quieren suponer que se trata de una avería del vehículo... Tras las comprobaciones del equipo de seguridad de UCD en su casa, la preocupación ya no puede ocultarse. A la una y media de ese día se cursará la denuncia policial por la desaparición. Antes de ello, tras agotar las indagaciones, se ha avisado telefónicamente a su familia, que está en La Puebla de Almenara (Cuenca). La madre de Javier llora al enterarse. Su esposa, Gerry, y su hermana, Paloma, recogen todo para regresar a Madrid, con la hija del político secuestrado, Marta, de sólo dos años de edad. Hasta primeras horas de la tarde no se instalan los primeros controles policiales en las salidas y accesos de la capital. Es demasiado tarde. 

Todas las hipótesis de autoría –desde la extrema derecha a cualquier de las ramas de ETA- estaban abiertas a la especulación periodística y la investigación policial. No es hasta dos días después del secuestro cuando la denominada ETA (político-militar) lo reivindica, mediante un comunicado que anuncia que próximamente concretarán sus exigencias. Ese mismo día, la policía localizará el coche del diputado, abandonado en la Casa de Campo. 

Algún tiempo después, parece que abandonan El Hoyo de Pinares, con un destino desconocido. Al secuestrado le dan otra vez pastillas y le vendan los ojos. Le suben a la parte de carga de un camión y le esconden entre cajas. Una vez llegados, le indican que camine por una especie de rampa de cemento y, ante lo que se supone que será una entrada, le ordenan que pase arrastrándose. Cuando le descubran los ojos, verá el lugar donde pasará el resto de su cautiverio: un pequeño habitáculo con una litera metálica, una mesa y una silla.

A esas alturas ya ha tenido algunas conversaciones con sus terroristas. Sabe que son de ETA, presumiblemente de la rama político-militar y le han reconocido que su secuestro está teniendo gran trascendencia pública. 

El presidente Adolfo Suárez ha decidido no negociar con los terroristas y gestionar una cadena de adhesiones internacionales que pidan la liberación sin condiciones. La familia hace públicos mensajes de cariño, cuyo contenido Javier Rupérez no llegará a conocer durante su cautiverio. 

El 13 de noviembre ETA político-militar había dado a conocer sus “exigencias” para liberar al secuestrado: la inmediata excarcelación de cinco reclusos concretos aquejados de alguna dolencia, y la creación por el Consejo General Vasco (el organismo preautonómico) de una comisión para estudiar la supuesta “violencia institucionalizada” contra el País Vasco.

El 14 de noviembre el Congreso condena la privación de libertad de su diputado, que califica de “agresión a las instituciones democráticas” e insta al Gobierno para que actúe “sin sometimiento a coacciones de índole delictiva”. Personalidades públicas de muy distinta condición constituyen un Comité pro Liberación de Javier Rupérez. 

A Rupérez su captores le proporcionarán un mono de obrero y le harán varias fotografías, que ETA hará públicas para acreditar que sigue con vida: bajo el cartel de Pertur (dirigente etarra de cuya desaparición culpan al Estado pero que en realidad ha sido asesinado por otra facción de la propia banda), con el diario El País del 17 de noviembre en las manos, con un libro o escribiendo una carta para su familia.  

Un día, entran en su habitación, encienden la luz y le sacan de la cama dando voces: “¡Esto se acabó! Le vamos a ejecutar, todo el mundo le ha abandonado, el Gobierno no quiere negociar, estamos hasta los cojones!”. Le lanzan recortes de prensa a los que han quitado las fechas, todos en la misma línea de negativa a negociación por parte del gobierno ucedista. Rupérez piensa que ha llegado su final. Pero, tras la conmoción causada, le obligan a que escriba una carta a Suárez pidiendo que haga algo por su vida y le permiten regresar a la cama. 

Todas las largas y tensas semanas del cautiverio de Rupérez se debaten entre una intensa preocupación y permanentes noticias contradictorias. No hay que olvidar que todavía está reciente la conmoción que nos produjo a todos ver en el maletero de un coche el cadáver de Aldo Moro, el dirigente de la democracia cristiana italiana, secuestrado y asesinado el año anterior por el grupo terrorista Brigadas Rojas. El gobierno sí tiene previsto dar ciertos pasos en materia penitenciaria, pero no quiere dar la impresión ante la opinión pública de que los terroristas le marcan el paso. 

Aunque Rupérez no lo sabe con certeza, se ha cumplido ya un mes desde su captura el día en que sus secuestradores entran al habitáculo y le dicen simplemente: “Nos vamos”. Le proporcionan ropa nueva y, tras suministrarle otra vez pastillas y vendarle los ojos, le meten en el maletero de un coche. Llegados a su destino, le dejan sentado en una piedra, con los ojos tapados, y le dicen que no se mueva, que su familia le recogerá. Nadie viene y, transcurrido algún tiempo de espera, Rupérez decide quitarse la venda. Es de noche y camina hacia el lugar donde intuye que hay una carretera. Llora entonces emocionado, porque es consciente de que ha sido liberado y de que volverá a ver a los suyos. No intenta hacer autostop a los coches que pasan: piensa que de noche y viéndole así -arropado con una manta, pelo largo y barba de varios días- nadie parará. Se dirige hacia una gasolinera, que encuentra cerrada, pero un cartel le informa de cuál es la más cercana abierta, a un kilómetro. Cuando llega, se dirige al empleado que le escucha tras los barrotes: “Soy Javier Rupérez, el secuestrado, me acaban de liberar, ¿puedo hacer una llamada?”. “Sí, lo he conocido. Puede llamar, pero a estas horas siempre pasa un coche de la guardia civil”.  Le informan de que está en el término municipal de La Varga, a 8 kilómetros de Burgos, y que son las seis de la mañana del 12 de diciembre de 1979. Cuando aún están buscando el número de teléfono de la guardia civil, llega efectivamente un coche patrulla. El liberado sale a su encuentro y un agente exclama: “¡Coño, si es Rupérez!”. La pesadilla ha terminado.

El diputado es llevado a la Comandancia de Burgos. Desde allí, hablará primero con su esposa y luego con el presidente Suárez. Después, le trasladan en coche al Palacio de la Moncloa, donde podrá por fin abrazar a su familia. Y tras el reencuentro, tendrá que ir al Hospital Puerta de Hierro para una revisión médica. 

Los siguientes meses hubo numerosas especulaciones sobre el precio de esta liberación. La oposición socialista pidió a Suárez en sede parlamentaria que informara a la opinión pública de cuáles habían sido las concesiones. El gobierno siempre negó cualquier negociación o acuerdo con los terroristas. Ese mismo mes fueron excarcelados catorce presos de ETA, pero el ejecutivo sostuvo que era consecuencia de su propia política penitenciaria y no de cesiones. Una parte de ETA (p-m), la llamada VII Asamblea, se acabaría disolviendo en 1982 y acogiéndose a medidas de reinserción. 

Habían transcurrido más de tres meses de la liberación del diputado cuando una operación policial en Oviedo desencadenó varias detenciones en Asturias, Málaga y Valencia, proporcionando la información necesaria para esclarecer en parte el secuestro de Rupérez y el intento sufrido antes por Cisneros. 

Como consecuencia de las distintas declaraciones e investigaciones, se procedió a detener a Begoña Aurteneche, una vizcaína de 56 años, quien había suministrado uno de los vehículos al comando y había alquilado el chalet de El Hoyo de Pinares donde transcurrió parte del cautiverio. También se apresó a Françoise Marhuenda, vasco-francesa de 26 años, que como ya sabemos confesó ser una de las autoras materiales.
  

El chalet descubierto estaba en la zona de La Perdiguera, en la entonces Avenida de José Antonio (hoy Juan Carlos I) número 83 de nuestra localidad, por encima de la piscina municipal. Allí se descubrió un zulo excavado donde se ocultaban aún explosivos (80 kilos de goma 2, cuatro artefactos de carga hueca y cuatro granadas de mano) y un arsenal de armas (cuatro pistolas, una metralleta y una escopeta repetidora), además de numerosa munición, las gafas oscuras usadas en el secuestro, grilletes, pelucas, matrículas de coches falsas… En esa vivienda se halló también lo que los terroristas denominaban, en su siniestro lenguaje, la “cárcel del pueblo”, esto es, el lugar donde transcurrió la primera parte del secuestro del diputado de UCD.

Enseguida la noticia trascendió a los medios: Rupérez había estado secuestrado en un pueblo de Ávila, El Hoyo de Pinares. Periódicos, radio y televisión informaban de las detenciones y del hallazgo del chalet. Como es fácil imaginar, la información conmocionó a nuestro pueblo, donde incluso muchos habían conocido y tenido trato personal con algunos ocupantes del chalet, especialmente con su arrendataria, Begoña. 

François narró ante la policía los detalles del secuestro y declaró que ella y Otegi habían pasado a Francia tres días antes de la liberación y que sus compañeros de comando lo hicieron más tarde.

Entonces se rumorea que Rupérez va a venir a nuestro municipio para reconocer el lugar donde estuvo secuestrado. El día indicado, esperaban ante el chalet la guardia civil y el reportero gráfico de Diario de Ávila Javier Lumbreras. Pasa el tiempo y Rupérez no aparece. A falta de testimonio de la inspección ocular por parte del diputado secuestrado, el periódico publicará al día siguiente la foto de los curiosos chavales presentes, que nos estamos asomando a la verja del chalet. En sus memorias, Javier Rupérez reconoce que se había comprometido con el comisario Manuel Ballesteros a venir, pero que Joaquín Ruiz Giménez (el político democristiano que había presidido el comité en pro de su liberación) le pidió que no lo hiciera, porque le complicaba mucho las cosas en cuanto a la regularización penitenciaria de los miembros de ETA (p-m) que se había comprometido a intentar. 

En 1981, se celebra el primer juicio contra las dos mujeres. El 22 de mayo, la sentencia judicial condena a Begoña Aurteneche a un año de prisión por colaboración con banda armada y a François Marhuenda a tres años por su participación en el secuestro. 

Casi diez años después, se juzgaría a otros miembros del comando, Luis M. Alkorta y Arnaldo Otegi –el mismo que más tarde sería dirigente de Batasuna-, a los que Rupérez no pudo reconocer. A pesar de que su compañera de “comando” había proporcionado numerosos datos, ellos negaron todo y resultaron absueltos por falta de pruebas, en sentencia de la Audiencia Nacional de 19 de enero de 1989.  

Obviamente el secuestro de Javier Rupérez no es un episodio de grata memoria. Pero creo que es necesario que las nuevas generaciones lo conozcan y que nosotros no lo olvidemos. Al fin y al cabo, también es parte de nuestra historia. Y nos ayuda a saber de dónde venimos y ser conscientes de cuánto ha costado hacer el camino.

El nombre de El Hoyo de Pinares a buen seguro invocará recuerdos dramáticos en Javier Rupérez. Pero, en realidad, sólo la desgraciada elección de los terroristas convirtió un pueblo que es acogedor, afable y amante de la libertad en el lugar de un inhumano cautiverio. 

Carlos Javier Galán
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Bibliografía:
- Secuestrado por ETA. Memorias. Javier Rupérez. Ediciones Temas de Hoy, 1991.

Documentos policiales y judiciales:
- Extracto del acta de declaración de Françoise Marhuenda en la Brigada Central de la Comisaría Central de Información. Madrid, 24 marzo 1980.
- Sentencia 68/1981 de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, de 22 de mayo.
- Sentencia 7/1989 de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, de 19 de enero.

Hemeroteca:
- Javier Rupérez, secuestrado por ETA. La Vanguardia, 13 noviembre 1979.
ETA se atribuye el secuestro de Rupérez. ABC, 13 noviembre 1979.
Javier Rupérez, en libertad. ABC, 13 diciembre 1979.
La liberación de Javier Rupérez. El País, 13 diciembre 1979.
Dos mujeres, responsables del secuestro de Javier Rupérez. Diario 16, 26 marzo 1980
Relato policial del secuestro de Javier Rupérez. La Vanguardia, 26 marzo 1980.
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Fuente | Publicado en el Programa de Fiestas San Miguel 2014.
Ilustraciones | Rupérez secuestrado, foto difundida por la banda terrorista ETA. Chalet y zulo donde escondían las armas, fotografía de agencias y prensa de la época. Rupérez liberado con su familia, fotografía de Marisa Flórez, El País. Rupérez entra al juicio en la Audiencia Nacional contra sus presuntos captores en 1989, fotografía extraida del libro Secuestrado por ETA.
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Más hoyancos por el mundo

En estas mismas páginas de Diario de Ávila publicamos ya en 2009 un reportaje que, parafraseando a los programas de televisión de moda en cadenas autonómicas y nacionales, se acercaba a la experiencia de algunas personas originarias de El Hoyo de Pinares que estaban residiendo en otros países: Arantxa Miguel en Singapur, Jorge Pablo y Cecy Estévez en Londres, Sara Beltrán, entonces en Dubai, y Ana Fernández, que impartía docencia en Pekín. 
 
La crisis económica ha provocado que ahora sea mayor el número de naturales de nuestra localidad repartidos por distintos continentes, aunque en naciones menos exóticas que Singapur, China o los Emiratos Árabes a los que entonces nos referíamos. Hoy, varios países iberoamericanos y europeos están siendo destinos de emigración laboral, aunque también sigue habiendo hoyancos a los que razones de estudio o simplemente personales les llevan a fijar su residencia en el extranjero. 
 
En este suplemento especial dedicado a las fiestas de El Hoyo de Pinares hemos querido repetir la experiencia, recogiendo el testimonio de cuatro hoyancos que pueden servir de muestra: en este caso, dos que viven en Estados Unidos por trabajo y dos que se han marchado a Francia fundamentalmente por relaciones afectivas.
 
FÁTIMA AYUSO (CHICAGO)
 
Para quienes la conocemos, Fátima Ayuso Fernández siempre ha sido un torbellino de vitalidad. Está a punto de cumplir dos años de estancia en Chicago, la gran urbe del estado de Illinois, aunque no descarta cambiar de ciudad dentro del país. Salió de España con la idea de mejorar su inglés y ahora trabaja de “aupair” con niños norteamericanos: les presta apoyo en tareas escolares, les ayuda a aprender nuestro idioma… y hasta les prepara con frecuencia comidas españolas.  
 
 
Chicago es “una ciudad impactante y atractiva, con sus elevados rascacielos, el gran lago Michigan de casi 60.000 kilómetros cuadrados, posibilidad de encontrar fauna como zorros, coyotes, mofetas, ciervos…”, aunque es también un lugar de clima inhóspito “con un invierno muy duro, ese frío que duele como clavándose en el cuerpo, y luego un verano que casi no te deja respirar entre el calor agobiante y humedad”. Fátima cree que “merece la pena visitarla, pero personalmente no me establecería aquí para siempre”. 
 
Entre sus buenas experiencias en Chicago, no olvida “la gente, bastante predispuesta a ayudarte y a entenderte”, algo que se agradece cuando se recala en un lugar extraño. Y un repertorio de mil anécdotas, con las curiosidades de la vida americana o los inevitables equívocos con el idioma: “Sobre todo al llegar, las confusiones con esas palabras que suenan parecido pero no tienen nada que ver. Raro es quien no acaba preguntando por una prostituta (bitch) cuando realmente quiere ir a la playa (beach) o dice que está buscando un beso (kiss) cuando lo que no encuentra son las llaves (keys)… hasta que ves la cara de perplejidad del otro y te echas a reír porque te das cuenta de que lo has pronunciado mal”. 
 
Las nuevas tecnologías le ayudan a mantenerse en contacto con la gente que quiere, pero no evitan que eche de menos muchas cosas de El Hoyo de Pinares: la familia, los amigos, los paseos junto al pantano o por la zona del Fresne, las cañas con los ricos pinchos de los bares hoyancos, el saludo y el interés de todo el mundo, o las divertidas y multitudinarias reuniones familiares, que “no tienen precio”, en la casa que fue de su abuela.
 
IVÁN BELTRÁN (SARATOGA)
 
Otro hoyanco, Iván Beltrán García, trabaja como ingeniero para una empresa española pero, desde hace dos años y medio, desarrolla su labor profesional en Saratoga Springs, una ciudad del estado de Nueva York con unos 40.000 habitantes “muy aislados entre sí, con casas con terrenos grandes y utilizando el coche para todo… La cercanía personal brilla por su ausencia”.
 
 
Los proyectos en los que trabaja están a menudo relacionados con el ámbito ferroviario. Iván valora muy positivamente el crecimiento profesional y el conocimiento del inglés que le ha permitido esta experiencia, pero lo contempla como algo temporal. 
 
Tras la jornada laboral, su ocio lo consume practicando deporte, especialmente tenis, practicando con el piano, leyendo, estudiando… Y en fines de semana intenta hacerse escapadas, frecuentemente a Nueva York. 
 
Entre las anécdotas, nos cuenta que una vez, paseandopor Times Square, le pareció escuchar el apodo familiar con el que se le conoce en nuestra localidad. “Yo pensé que había oído mal, hasta que volvió a sonar ‘¡Cachina!’ a voces y más claro… Cuando me di la vuelta, vi a otra persona del pueblo”. Era Ismael González, cuya familia tiene un almacén de materiales de construcción en El Hoyo de Pinares: “Iba con su mujer y estaban de luna de miel en Nueva York… Qué pequeño es el mundo”. 
 
De El Hoyo de Pinares echa de menos “prácticamente todo: mi familia, muchísimos amigos, cada rincón donde ha transcurrido mi infancia, los paseos por el Batán, la paella de mi madre… esa sensación de estar en casa. El pueblo es como una gran familia donde nos conocemos todos y pienso que, de una manera u otra, nos intentamos ayudar mutuamente”. Desde Estados Unidos, Iván sueña con ver a los hoyancos superar el “duro golpe de la crisis” y ver a su pueblo progresando y mirando hacia el futuro, pero sin olvidar sus tradiciones. 
 
LAURA DÍAZ (COMPIÈGNE)

Laura Díaz Carmona es Ingeniero Técnico de Telecomunicación y se estableció en Francia porque su pareja, Alberto, recibió una interesante oferta para cursar allí el doctorado, mientras ella sigue prestando servicios, en régimen de teletrabajo, para su consultora tecnológica española. 
 
 
Recalaron hace medio año en Compiègne, “una ciudad del Norte de Francia, algo más pequeña que Ávila, con unos 40.000 habitantes, y que está llena de historia, a veces  con recuerdos trágicos: aquí se capturó a Juana de Arco, se firmó el final de la primera gran guerra, o se produjo la entrega a Alemania durante la segunda guerra mundial. Incluso tiene un pequeño campo de concentración desde donde enviaban presos a Auschwitz, Dachau o Matthausen. También hay un castillo imperial en el que veraneaban los reyes de Francia y luego Napoleón”. 
 
Compiègne dista una hora de París, lo que permite a Laura hacer visitas a la capital con cierta frecuencia. A veces también hacen escapadas a otras ciudades francesas, como Lille, o incluso, al estar en el centro de Europa, viajan a otros países, como en sus recientes visitas a Bruselas (Bélgica) o Stuttgart (Alemania).
 
Como todos los hoyancos que viven fuera, recuerda a sus padres, hermanas y sobrinos, “que crecen tan rápido…”. Y evoca los pinchitos en los bares hoyancos o las tardes de piscina y café. Pero si hay algo que es inevitable recordar en su caso es la pertenencia a la Banda de Música local, donde toca la flauta travesera. Laura entró en la Escuela Municipal de Música con ocho años y en 1997 debutó con la banda. “Me dio muchísima pena –asegura Laura- no poder estar en la celebración del XXV aniversario de la banda y también el perderme por primera vez la Romería”. 
 
FRAN FERNÁNDEZ (AGEN)
 
Francisco Fernández Molina se marchó hace año y medio a vivir a Francia, de donde es su novia, Floriane. Ella estaba cursando estudios y, para poder estar juntos, era más fácil que fuera él quien se desplazara. Viven en Agen, una ciudad también de unos 40.000 habitantes de la región de Lot et Garonne. Allí trabaja labrando piedra en un taller de cantería, de manera que sigue la tradición familiar, pues desciende de una saga de canteros hoyancos muy reconocidos en su oficio. “Ésta es una zona donde la piedra caliza se trabaja por todos los sitios y hay varias canteras”, nos explica.
 
 
Agen tiene fama de ser la capital de la ciruela. Y allí el rugby es un deporte muy practicado, ya que el equipo local cosecha muchos éxitos nacionales y europeos. Discurren por la ciudad el río Garona y el Canal del Mediodía. “El Canal du Midi –detalla Fran-, con una anchura de cinco metros, cruza Francia desde el Atlántico al Mediterráneo. Tiene una larga historia de cuando transportaban los cereales en los barcos, arrastrados por robustos caballos, pero ahora ha quedado para dar paseos en barco”. 
 
De nuestro país vecino le gusta “la manera de hablar, el respeto y la gastronomía, que es bastante buena…, aunque como la española no la hay” y lo que menos le agrada son las lluvias que a veces se prolongan durante semanas. Confiesa que le costó el aprendizaje del idioma, que sigue perfeccionando cada día. Cuando preguntamos qué echa de menos, inevitablemente aparece el recuerdo de su familia y sus amigos. 
 
Entre los episodios divertidos que ha vivido allí, no puede dejar de referir el que tuvo lugar durante las fiestas de un pueblo vecino. Fran consiguió que un montón de franceses a los que no conocía de nada le siguieran haciendo un pasacalles al estilo de las fiestas hoyancas y que cantaran en español lo que él les iba enseñando… Se ríe al recordarlo: “te aseguro que llegué a pensar que estaba en El Hoyo…”.
 

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Fuente | Publicado en Diario de Ávila, 26 septiembre 2013. Aquí se reproduce el texto original del autor, con fragmentos no incluidos en la versión publicada en el periódico.
 
Ilustraciones | Fotografías facilitadas por los entrevistados: Fátima en el piso 98 de la torre John Hancok de Chicago; Iván en su rincón favorito de Central Park en Nueva York; Laura junto al Palacio Imperial de Compiègne; y Fran delante de la catedral de Saint-Caprais en Agen.