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Segunda parte de una historia de hace 60/70 años sobre la música, las gentes y las tradiciones de nuestro pueblo

El año pasado, publiqué en el libro de fiestas un artículo sobre la música, las gentes y las tradiciones de nuestro pueblo. 

Durante este año he seguido investigando, y en este nuevo artículo adelanto otras canciones y partituras del año 1959, que he conseguido rescatar de los antiguos archivos del C.S.I.C. (Centro Superior de Investigaciones Científicas). 

La intención es poder publicarlas todas algún día, bajo el patrocinio de nuestro Ayuntamiento, en un libro sobre la historia, las tradiciones y el folclore de nuestro pueblo, y así quedarán para siempre a disposición de todos. 

Para los que no me recuerden, me llamo Jorge Margüenda. Mi madre era Basilisa la Pachina y mi abuelo Venancio Cano. Estoy casado con Chari Ventura, hija de Tío Juanito Panadero y de Tía Crece. Tengo 66 años, fui profesor universitario y ahora estoy jubilado. 

Además este año tendré el gran honor de ser el Pregonero de las Fiestas de San Miguel. Mi más profundo agradecimiento al Alcalde y a toda la Corporación Municipal. Muchas gracias. 

BREVE RESUMEN DE CÓMO SE HIZO LA INVESTIGACIÓN, HACE 60/70 AÑOS

Los hechos se produjeron entre los años 1949 y 1959. 

A partir del verano de 1949, llegaron a El Hoyo de Pinares un grupo de investigadores del Fondo de Música Tradicional Española. Actuaban por encargo del C.S.I.C. (Centro Superior de Investigaciones Científicas) y pidieron a algunos vecinos (les llamaron informantes), que les ayudasen a recopilar partituras, historias y anécdotas, de canciones relacionadas con las tradiciones de nuestro pueblo. 

En total se recopilaron 19 partituras manuscritas, cada una con su explicación musical, sus historias y sus anécdotas. Estoy trabajándolas una a una, para recuperar las 19. 

Los informantes fueron 9 vecinos de El Hoyo (padres y abuelos de muchos de nosotros), a los que hicieron una ficha personal, que también estoy recopilando y que iré publicando. 

Es un hallazgo muy interesante, porque saca a la luz canciones, anécdotas e historias, que cantaban, vivían y contaban las gentes de nuestro pueblo hace 60/70 años, y que, en algunos casos, han caído en el olvido. 

Os podéis imaginar la emoción que me causó encontrar estos archivos, que dan cuenta de la música, de la cultura y de las tradiciones de aquellos tiempos. 

ALIPIO GARCÍA LEÓN

Uno de los informantes que colaboraron con el C.S.I.C., fue Alipio García León. También conocido como García del Hoyo

Es nuestro don Alipio, el que fue practicante del pueblo durante tantísimos años. Este es mi humilde homenaje. 

¿Quién no recuerda sus cuidados... y sus agujas? ¿Y el infernillo aquel, cuyas burbujas al cocer eran el preludio del terrible pinchazo? ¿Y esos cachetitos cariñosos en la zona sensible? ¿Y el “tranquilo que hoy te pincho sin aguja” y luego... zas? Gran banderillero don Alipio. 

Ahora en serio. Fue una gran persona. El ángel de la guarda de varias generaciones. Siempre dispuesto, siempre atento, siempre amable. Además era un hombre inteligente, lúcido, culto y un gran amante de la música. 

A lo largo de los años, don Alipio siguió demostrando su amor por la música, interpretando durante toda su vida piezas de nuestro folklore con guitarra y laúd. Y, de hecho, casi treinta años después de aquellas partituras, se convirtió en un pilar fundamental en la creación de la Escuela Municipal de Música, que impulsó con la fundación de la Asociación, mediante la que se financió la Escuela, y de la cual fue su Secretario durante los primeros años. 

Bien. Pues nuestro don Alipio, en agosto de 1959 ayudó a recopilar las partituras de tres canciones que, por aquel entonces se cantaban en El Hoyo, y que iban dedicadas especialmente a las celebraciones de los quintos. 

En este articulo van sus tres partituras recopiladas y que figuran en los archivos del C.S.I.C. como específicas de nuestro pueblo. 

En las notas de los investigadores, consta que incluso don Alipio, junto con otras personas, llegó a cantar las canciones acompañado de violín, guitarra, laúd, bandurria y percusión. 

Como curiosidad, las fichas describen la percusión como: “castañuelas, almirez, una especie de tabla hecha con huesos, zambomba, y una botella con salientes tocada con una cuchara”. 

Seguro que, sesenta años después, a todos nos sigue sonando esa descripción. 

Esto es lo que dice la ficha de don Alipio hecha en 1959 (resumen): 

“Edad: 51 años. Condición Social: Practicante de medicina. 
Lugar de nacimiento y residencia: El Hoyo de Pinares. 
¿Ha visitado o residido en ciudades importantes?: Madrid, Ávila y Valladolid. 
¿De quién aprendió las canciones del informe?: de los quintos de El Hoyo de Pinares, en su juventud. Fecha: 14 de Agosto de 1959”. 

LAS CANCIONES APORTADAS POR DON ALIPIO

Además de la ficha del propio don Alipio, en este artículo se incluyen las tres canciones que aportó. 

Son: Éste es el Ayuntamiento, Las madres son las que lloran y En medio del puente estoy

Como decía, todas están relacionadas con las celebraciones de los quintos y de la vaquilla, de hace 60 años. 

Es importante que, para entender las partituras, las historias que se cuentan, las anécdotas y las descripciones de las fichas, intentemos situarnos en la mentalidad de aquellos años. 

FICHA DE LA CANCIÓN ÉSTE ES EL AYUNTAMIENTO 

- Primeras estrofas: 

“Este es el Ayuntamiento, 
el Ayuntamiento es este, 
donde tenemos que ver
nuestra buena o mala suerte. 

Qué bien parece un buen mozo, 
a la puerta del cuartel, 
con un cigarro en la boca, 
esperando al coronel”. 

- Clave de SOL. Nota musical inicial: SOL. 

-Género: Canción de quintos. 

-Fecha de la recogida: 14 de agosto de 1959. 

-Observaciones: 

”Se sigue usando por la quinta anterior a la del año en que ingresan en el Ejército. El tres de Mayo celebraban los nuevos quintos la primera reunión. 
En un carro de bueyes, traían del campo un gigantesco pino, donado por el Ayuntamiento, que exhibían por las calles del pueblo. Luego lo colocaban, verticalmente, al lado de la torre de la iglesia. El carro era empujado por ellos. 
Pasada la fiesta, desmontaban el pino cuya madera se subastaba públicamente. Con su producto organizaban una merienda. Actualmente, en la noche del 31 de Diciembre y madrugada del uno de Enero, realizan una ronda que es repetida el día de San Sebastián (20 de Enero) en cuyo día exhiben una vaquilla, consistente en una tabla con cornamenta, cencerro y cola. Dicha tabla es adornada con flores de papel de varios colores y forrada con un saco. 
La 'vaquilla' es llevada por uno de los quintos. Otro hace de vaquero. Para la 'muerte' de la 'vaquilla' disparan un cohete, regando el 'cadáver' con vino, simulando la sangre. El vaquero lleva unos zahones, abarcas, una porra grande y un típico sombrero de fieltro, negro, y chaquetilla corta. Su misión es frenar el arrebato de la 'res' que tiene el prurito de embestir a los transeúntes. 
Van casa por casa recabando lo que llaman 'multa' por haber 'asustado' o 'desmandado' a la 'vaquilla'. 
El producto de estas donaciones lo destinan para una merienda. 
Después de la merienda se efectúa la lidia de la 'vaquilla' (en parodia, claro es) en la plaza del Ayuntamiento. Intervienen sólo los quintos. Los 'picadores' montan burros. 
El informante la aprendió, siendo niño, de oírla a los quintos del pueblo”. 

FICHA DE LA CANCIÓN EN MEDIO DEL PUENTE ESTOY 

Esta partitura es muy curiosa, porque habla de un puente antiguo que ya no existe, y que unía dos barrios del pueblo, separados por una depresión. El puente fue derribado cuando se urbanizó esa parte de nuestro pueblo, sobre los años 50. 

- Primeras estrofas: 

“En medio del puente estoy, 
y a ninguno tengo miedo, 
vengan uno, vengan dos, 
vengan tres y a cuatro espero. 

Ya se van los quintos madres, 
ya se va mi corazón, 
ya se van los que tiraban 
chinitas a mi balcón”. 

- Clave de SOL. Nota musical inicial: SOL. Allegretto

- Género: Canción de quintos. 

 - Fecha de la recogida: 14 de agosto de 1959. 

 -Observaciones: 

”Sobre los quintos, los mismos datos y circunstancias de la canción anterior. El puente del que habla la primera copla, ya no existe, consecuencia de unas obras de urbanización, que en la villa realizaron recientemente. El puente, estrecho, sobre un arroyo encauzado y cubierto, era el único enlace de los dos barrios a ambos lados de la depresión””. 

FICHA DE LA CANCIÓN LAS MADRES SON LAS QUE LLORAN 

En esta canción las madres y las novias expresan su sentimiento por la marcha de sus hijos y sus novios a la guerra o a la mili. 

Cantan una estrofa las madres y otra las novias. Las madres intentan reflejar que ellas son las que lloran, mientras que las novias los olvidan pronto. Por el contrario, las novias dicen que les esperarán. En cada estrofa, unas replican a las otras. 

- Primeras estrofas: 

“Las madres son las que lloran, 
que las novias no lo sienten, 
se van con otros chavales, 
se ríen y se divierten. 
Pobrecitas madres, 
cuanto llorarán, 
al ver que sus hijos, 
a la guerra van. 

Ni me lavo, ni me peino, 
ni me pongo la mantilla, 
hasta que vuelva mi novio, 
de la guerra de Melilla”. 

- Clave de SOL. Nota musical inicial: LA. Allegro. 

- Género: Canción de quintos. 

 - Fecha de la recogida: 14 de agosto de 1959. 

-Observaciones: 

"Sobre los quintos, los mismos datos y circunstancias de la canción anterior”. 

CONCLUSIÓN Y COMPROMISO 

Espero que os haya gustado este “viaje” musical a los tiempos de nuestros antepasados. Música y tradiciones de El Hoyo, en estado puro. 

Seguiré trabajando para rescatar todas las canciones y perfiles, y para ayudar a incorporarlas a un futuro libro sobre la historia, las tradiciones y el folclore de nuestro pueblo, que va a promocionar nuestro Ayuntamiento, con el fin de que queden incorporadas para siempre a nuestra historia. 

Os deseo a todos felices y divertidas Fiestas de San Miguel 2019. 

Nos vemos el próximo día 26 en el Pregón. 

Un fuerte abrazo, paisanos, y muchas gracias por vuestra atención. 

Jorge Margüenda

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Fuente | Publicado en el Programa de Fiestas San Miguel, septiembre 2019.

Ilustraciones | Fotografía de ronda, del libro El Hoyo de Pinares: imágenes del ayer, de Carlos Javier Galán; fotografías de don Alipio, cedidas por su familia; partituras y fichas del Archivo Fondo de Música Tradicional del Instituto Milá y Fontanals-CSIC. 

Homenaje a Alipio García León en su centenario



 
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Homenaje a D. Alipio García León en su centenario. Imágenes de su vida, recopiladas por su familia y con montaje de Carlos Javier Galán. El audiovisual se proyectó en el acto público de homenaje celebrado el 17 de mayo de 2008.

D. Alipio nació en El Hoyo de Pinares (Ávila) en 1908 y desempeñó, entre 1929 y 1978, la plaza de practicante titular en la misma localidad, aplicando los entonces novedosos tratamientos antibióticos y antipalúdicos. También ejerció durante años como comadrón y más de 2.500 vecinos llegaron al mundo de sus manos. Destacó, además, por su labor social y cultural, pues fundó y dirigió el grupo local de teatro D. Bosco (1934-1950), colaboró con la actividad de la asociación Cultura Joven (desde 1987) y en 1990 fue uno de los fundadores y el primer secretario de la asociación Escuela de Música (que es el vivero formativo de la banda de música de la localidad). Además, colaboró publicando durante años escritos en prensa y revistas culturales y profesionales. Su pueblo le homenajeó en 1988 y el consistorio dio su nombre a una calle de la localidad. El Colegio de ATS le concedió la Medalla de Oro al Mérito Profesional en 1977 y la Ministra de Sanidad Ángeles Amador le impuso la medalla de la Orden Civil de Sanidad en 1995. Falleció en 1999 en Madrid, a los 91 años de edad.

Reseña del acto del homenaje en La nota discordante  

Don Alipio

 
En la presente edición del Programa de Fiestas falta a su cita, inevitablemente, una firma que venía siendo habitual en estas páginas desde hace años: la de García del Hoyo, pseudónimo que unía el apellido de una persona con el nombre de su pueblo: don Alipio García León y El Hoyo de Pinares.
 
Año tras año, aprovechando esta tribuna, don Alipio nos enseñaba un poco más, hablándonos del significado de nuestras calles, ilustrándonos sobre aspectos de la lidia taurina que tanto cautiva a los aficionados locales, narrando anécdotas de su ejercicio profesional -¿recordáis ese delicioso episodio real de Catalino Díaz o el Milagro de la Sardina en Escabeche?-, rescatando fragmentos de nuestra historia, leyendas o tradiciones, cantando las bellezas que tenemos en el pueblo, ejerciendo la crítica social y la denuncia ecológica, o esbozando sugerencias y propuestas de futuro.
 
Él me invitó, cuando yo era un jovencillo de apenas dieciséis años, a escribir por vez primera algo acerca de mi pueblo en este Programa de Fiestas. De él aprendí mucho y recibí aliento y buen ejemplo. Hasta cuando discrepábamos en nuestras respectivas visiones de las cosas -existía una indudable distancia generacional y de ideas-, lo hacíamos siempre desde el mutuo reconocimiento y afecto.
 
Por inexorable ley de vida, ya no tendremos los artículos anuales de este lúcido nonagenario, que nos dejó hace unos meses. A los mayores de esta villa no tengo que contarles nada sobre la dilatada trayectoria vital y profesional de don Alipio, porque la conocen mejor que yo. Durante largas décadas fue practicante titular del municipio pero, como tal, no sólo le correspondió poner inyecciones, sino a menudo solucionar emergencias sanitarias, atender enfermos y heridos o asistir en numerosos partos -¡cuántos vecinos actuales asomaron por vez primera al mundo en sus manos!-, siempre poniendo, en cada uno de sus actos, un indudable cariño y entrega hacia los demás. Ese ejercicio profesional tuvo que desenvolverse en un marco social que fue evolucionando desde la precaria sanidad del primer cuarto de siglo y la miseria e insalubridad de la posguerra, hacia un progresivo desarrollo a partir de finales de los cincuenta y hasta la época actual.
 
Algún tiempo después de su jubilación, en la década de los ochenta, don Alipio García León recibía el homenaje de sus compañeros de profesión y el del pueblo al que tanto sirvió, con un acto público en el que tuve el honor de intervenir brevemente, y con la dedicatoria de una calle que lleva su nombre. Años después, se le concedía un galardón nacional, la Medalla al Mérito Sanitario que le impuso la entonces Ministra de Sanidad, Ángeles Amador.
 
La jubilación no significó para don Alipio, en modo alguno, inactividad. Cerró una etapa de ejercicio como practicante, pero permaneció vinculado a los avatares de su profesión, a la vida colegial o asociativa, y era frecuente leer en prensa general y en revistas especializadas sus opiniones dictadas por la experiencia, su defensa de la dignidad profesional de sus compañeros o sus críticas hacia aspectos de la gestión de los responsables del Consejo General, siempre en esa línea de no resignarse ante las injusticias que le caracterizó durante toda su vida.
 
Y siguió, también, vinculado al compromiso social con su pueblo, brindando siempre nuevas ideas, apoyando todas las buenas iniciativas. Así, se integró en la Directiva de la Asociación Escuela de Música ofreciendo sugerencias, haciendo labor administrativa, captando socios y apoyos para esta interesante obra que constituye un orgullo local. Y se integró en Cultura Joven, codo con codo con gente a la que triplicaba la edad, sacando adelante proyectos socioculturales para El Hoyo de Pinares. Desde sus creencias, colaboró coherente y activamente en la vida parroquial. Escribió, como decíamos, en estas mismas páginas o en la lamentablemente desaparecida revista local Kilómetro Cero... Y, en suma, no dejó de aportar su grano de arena a cualquier convocatoria que considerase enriquecedora parala comunidad humana de la que formaba parte.
 
Con plena razón, en el homenaje institucional y popular que se le rindió, pude dedicarle aquellos versos que escribiera Bertolt Brecht:
 
Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que lucha un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero los hay que luchan toda la vida:
ésos son los imprescindibles.
 
Se nos ha ido don Alipio, algo previsible por su avanzada edad, pero, a su familia y a la gente que le apreciábamos, sin duda nos quedan dos certezas impagables. Una, que para su marcha contaba con el mejor equipaje personal que cabe: su fe. Otra, que la prolongada existencia que deja atrás la vivió de la mejor manera posible: dedicándola a los demás.
 
Hasta siempre, amigo.
 
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Fuente | Publicado en el Programa de Fiestas San Miguel 1999.
 
Ilustración | Fotografía propiedad de la familia de D. Alipio García León.

Catalino Díaz (o el milagro de la sardina en escabeche)

Viéndole transitar por nuestras calles, ya hombre maduro y jubilado de la profesión de albañil, le recuerdo cuando era muy niño aún, allá por los años treinta, contando año y medio de edad.
 
La casa de sus padres, ubicada en el extrarradio, en el ahora llamado Barrio del Rincón, fue escenario de un suceso del que soy testigo obligado por mi condición profesional: ser practicante de medicina.
 
El pequeño Catalino necesitaba cuidados médicos especiales. Extenuado por no poder alimentarse por vía natural, debido a una acentuada y pertinaz gastritis, obligó al médico que lo atendía a utilizar el procedimiento de los enemas para nutrirle por esa vía rectal. Además, prescribió una tanda de inyecciones para reforzar el efecto de aquella alimentación, elegida como dudoso remedio para prolongar la vida del niño.
 
Uno de los días de mi asistencia al niño para inyectarle un preparado farmacéutico, entonces en boga, que consistía en yema de huevo, oí el relato de una madre angustiada que sostenía a su hijo en los brazos, en espera del milagro que mantuviese la vida de aquel niño depauperado, sin esperanza de sobrevivir. Su estómago no admitía ni agua, por eso el médico acudía a utilizar otros medios sustitutorios, ciertamente desesperanzadores.
 
Al disponerme a inyectar al niño, observé cierta mejoría en su semblante. La cabecita, que en días anteriores estaba inclinada, recostada en el tórax de su madre por la imposibilidad de mantenerla erecta, aquel día se hallaba erguida, y sus ojos brillantes alegraban aquel rostro taciturno de otros días.
 
Asombrado por el cambio operado, creí que se debía al tratamiento médico, que había resucitado al chiquillo. Pero la madre me explicó el suceso milagroso que devolvió la vida a su hijo preagónico, sin haberse repuesto de la emoción que le embargaba todavía. He aquí sus palabras:
 
"Había dejado restos de comida en un pequeño plato. Se trataba de una sardinita en escabeche. El niño lo mira con vehemencia y, balbuceando, con un sonido gutural imperceptible, apunta hacia aquel 'manjar' alimenticio, indicando con su diminuto dedo el deseo de comerlo. Yo tenía la certeza de que le esperaban los ángeles en el cielo. Siendo así, convencida de que le quedaban pocos días de vida, no quise privarle de su último capricho: consentí. Se me figuraba veneno aquel alimento, aderezado con vinagre, y creí que una vez ingerido y recibido por aquel estomaguito tan delicado, su desenlace sería fulminante".
 
"No fue así -me decía-, pues al terminar de deglutir el trocito de sardina, consumido con avidez, le vi cambiado. Esperé algún momento, sorprendida de que siguiera vivo. Ante el milagro evidente, le di un trozo mayor, al observar que se dibujaba una sonrisa en su rostro. La alegría de sus ojos inspiraba confianza, y continué alimentándole con aquel 'veneno', que se comportó como la mejor medicina".
 
Hasta aquí las palabras de una madre que, sin sospecharlo, "resucitó" a su tierno hijo. Los ángeles quedarían tristes, pues esperaban a Catalino para que hiciese corro con ellos, prendido de las estrellas. Mas aquel niño era necesario en su pueblo: al pasar los años harían falta artífices que construyeran bonitas viviendas que lo embellecieran. Y su ángel de la guarda tiró de él, impidiendo que se lo llevaran los querubines y serafines. Querían que fuese astronauta como ellos, pero como hizo falta aquí, nosotros, sus convecinos, le agradecemos los servicios que prestó a El Hoyo de Pinares, alegrándonos de que los hermosos querubines "nos le cedieran" para que cumpliese su misión social en la tierra cuando dejó de ser niño.
 
No habrá jugado como lo hiciera con los ángeles del cielo; pero, seguramente, cuando llegue a las alturas, lo recibirán con inusitada alegría, recordando aquella sardina que, tal vez, ellos "llevaron" con sus alas blancas a la humilde casita del Barrio del Rincón.
 
Alipio García León
 
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Fuente | Publicado en el Programa de Fiestas San Miguel 1990